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El Che: ¡Un verdadero revolucionario!

Hay hombres que nacen bajo los signos de estrellas que sirven de preludio a su propia existencia. Son seres excepcionales, cuya fuerza interior pareciera predeterminada por una consciencia más alta. Casos paradigmáticos en los que, la delgada línea que separa a la idea del hombre, se esfuma para dar paso al mito.

Uno de esos “hombres imprescindibles” —parafraseando a Bertolt Brecht— vio por primera vez la luz, el 14 de junio de 1928, en la ciudad de Rosario, Argentina. Ese día nació Ernesto Guevara de la Serna, mejor conocido como “El Che ”. Sus padres, Ernesto Guevara Lynch y Cecilia de la Serna, eran ciudadanos de clase alta que, gracias a su acomodada posición social, tuvieron la posibilidad de prodigarle un ambiente familiar de holgura económica y amplia ventaja social.

Sin embargo, el destino tiene una forma muy singular de tejer sus redes y con sutileza suele crear los elementos que, a la postre, producirán las grandes epopeyas; esto porque, desde muy niño, Ernesto Guevara padecía de un serio problema de asma, por lo que constantemente tenía que ser recluido cuando sufría ataques asmáticos; encierros en los cuales, influenciado por sus padres, aprovechaba para buscar respuestas a sus vastas inquietudes sociales a través de la lectura. Era tan grande su avidez por leer que, consultaba todo tipo de literatura que contribuyese a enriquecer su pensamiento, a un ritmo tal, que a los 17 años empezó lo que él llamaba su diccionario filosófico, en donde reseñaba todas las ideas relevantes que iba aprendiendo, dentro de las cuales, desde bien temprano, sobresalieron dos con claridad meridiana, por sobre todas las demás: amor por la humanidad y aversión hacia toda clase de injusticia y opresión.

Resulta irónico, más no sorprendente, el hecho de que fueron las ventajas económicas de un hogar burgués las que permitieron que, mediante el influjo de los libros, se incubaran las ideas antiimperialistas que más tarde encarnarían en sí, el más grande emblema revolucionario del mundo. Y ese camino que iniciaron los libros, sería posteriormente respaldado por la cruda realidad.

En 1952, Ernesto Guevara junto a su amigo Alberto Granado, realizó un periplo por América Latina que sería inmortalizado en sus “Diarios de motocicleta”. Esta experiencia fue, sencillamente, trascendental en el proceso de cristalización de sus ideas revolucionarias, ya que le permitió palpar de primera mano la indignante explotación, marginalidad y desigualdad social en que, al unísono, vivían ­—y aún viven— las grandes masas de los pueblos de América.

Años más tarde fue testigo presencial de procesos políticos que sirvieron para apuntalar sus ideas antiimperialistas, las cuales, templadas bajo la luz del marxismo, eran de una u otra forma justificadas por la debacle de proyectos democráticos progresistas y la participación injerencista del gobierno estadounidense. Uno de estos casos, fue el golpe de Estado de junio de 1954 —auspiciado por EE. UU.— contra el gobierno democrático de Jacobo Árbenz en Guatemala.

Es fácil de entender, la forma en que un contexto histórico plagado de dictaduras, capitalismo anómalo, abusos y opresión, fortalecieron en el Che la conciencia clara de que la única vía para enfrentar eficazmente la injusticia política y social que patrocinaba el imperialismo estadounidense, era la lucha armada. Por lo que, luego de tantos estudios y procesos vividos, al momento de conocer personalmente a Fidel Castro en México, en julio de 1955, sus principios y valores socialistas ya estaban bien definidos. Lo que permitió una sintonía casi perfecta, entre su pureza ideológica y la firmeza revolucionaria de Fidel.

Por esta razón, Ernesto “el Che” Guevara se enlistó a la expedición armada que, liderada por Fidel Castro, partió hacia Cuba para luchar contra la dictadura de Fulgencio Batista. Junto a 81 guerrilleros, zarpó desde el Puerto de Tuxpan, México, el 25 de noviembre de 1956, en un yate llamado Granma. A partir de allí, el hombre forjó su leyenda: de Santa Clara la gloria y en Bolivia la eternidad.

“Ante la historia, los hombres que actúan como el Che, los hombres que lo hacen todo y lo dan todo por la causa de los humildes, cada día que pasa se agigantan, cada día que pasa se adentran más profundamente en el corazón de los pueblos”. Fidel Castro

Por Ernesto Jiménez

via: CristalyColores.Net

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